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Somos mujeres humanas, mujeres tejedoras de vida

Hay infinidad de escritos sobre la mujer. Algunos enfocados a sus virtudes y otros a sus desaciertos. Unos hablan de ellas como madres, como esposas, como hijas, hermanas, trabajadoras o cualquiera de los roles que se nos ha dado la sociedad. Así que voy a dedicar estas palabras, simplemente, a las mujeres. A esas con las que comparto el día a día, a aquellas que con su sonrisa me dan los buenos días o con sus arrugas me enseñan de su experiencia.

A la que presurosa por la calle, ni se fijan con quien tropieza, a la que pone sus esfuerzos en ser cada vez más bella o a la que simplemente se ducha y se peina, a la de los ojos verdes, a la de piel morena, a la de vaqueros o a la de traje de moda, a la amiga, a la amante, a la confidente, a la cotilla, a la soberbia, a la simple, a la que me mira, a la que me ignora… porque cada una de ellas tiene una historia. Una historia de vida que con muchas he compartido y por ende he aprendido que las adversidades no nos amilanan, la enfrentamos con valentía. Ni la pandemia, ni la violencia, ni la desigualdad, ni la injusticia, ni el desamor, ni, ni, ni… infinitos, nos harán perder la esencia que nos caracteriza, que somos mujeres, fuertes pero también débiles, luchadoras y a la vez conciliadoras, alegres con un dejo de tristeza, cariñosas con capacidad para la frialdad, amorosas con brotes de hostilidad, pudorosas y descaradas, virtuosas y pecadoras, mezquinas y generosas, discretas pero curiosas, seguras pero indecisas, ingenuas y perspicaces, felices y otras no tanto, libres pero cautivas…¡mundo! Somos MUJERES HUMANAS, MUJERES TEJEDORAS DE VIDA.

¿Cómo ha afectado la pandemia a mi vida como mujer? En primer lugar, fueron más de cuatro meses, en los que mi vida laboral se estancó. Estaba cuidando a una señora mayor en Valencia capital y al no tener contrato laboral, no podía justificar los desplazamientos. La situación económica de mi hogar se vio resentida, pero lo que más marcó este periodo fue la enfermedad de mi hermano, quien como la mayoría de los enfermos no COVID-19, fueron los grandes olvidados. Su sintomatología comenzó 8 meses antes, sin que se supiera que generaba el deterioro en su salud, cuando comienza la pandemia. Todos sus síntomas se los achacaban al virus, tanto así, que le realizaron 5 pruebas PCR en menos de dos meses, con el lógico resultado de negativo. Sentí mucha impotencia, desazón, dolor, rabia. 5 meses después le diagnostican un cáncer.

¿Cómo me afectó? Como a muchas mujeres que vivieron realidades distintas, para las que no estábamos preparadas, la incertidumbre descompensó mi estado de ánimo, pero la realidad me obligó a seguir adelante.

Mercedes Vargas
Voluntaria del Centro de Formación

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