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27/03/2026En España, los y las jóvenes se emancipan, de media, a los 30 años, pero ¿qué ocurre con nuestros chicos de los hogares de emancipación?
Durante su estancia en los centros, que suele rondar el año y medio, les acompañamos en infinidad de procesos e intentamos guiarlos en cualquier situación que les surja, ya que soplan sus 18 velas y pasan del amparo del Estado a tener que tomar sus propias decisiones.
En estos meses de convivencia, tutorías, sonrisas cómplices y quebraderos de cabeza, nuestros jóvenes tienen que aprender a cocinar, limpiar, organizarse, buscar trabajo y/o estudios, leer y firmar contratos, realizar sus propios trámites, etc., pasos que hacen dudar a muchas personas adultas, así que podemos imaginar la tormenta que todo esto supone en la vida de unos chicos de 18, 19 o 20 años, ¿por dónde empiezan?
Sin embargo, no todo está hecho cuando devuelven las llaves del hogar y recogen sus cosas, ya que aquí empieza la vida real, pero no están solos y lo saben, al menos eso es lo que se intenta con el carisma salesiano desde la Fundación María Auxiliadora.
Cuando abandonan el hogar, después de las peripecias que tenemos que hacer para ayudarles a encontrar una vivienda digna y relativamente asequible, comienzan su nueva vida, tras un periplo en el que, por su situación especial, sufren las consecuencias de la escalada de precios, y en ocasiones el racismo, a la hora de firmar un contrato de alquiler.
Tras su salida, nuestro teléfono sigue estando disponible para cualquier duda o acompañamiento que necesiten y, por supuesto, lo usan sin miedo, sabiendo que es parte del proceso y lo hacemos con auténtica entrega. Con las semanas y los meses, acaban surgiendo preguntas sobre contratos, renovaciones, estafas, denuncias, compras, alquileres, cambios de trabajo, etc., así como comidas, regalos y cafés, y ahí está y estará ese equipo educativo que les acompañó desde el inicio para que acaben siendo la mejor versión de sí mismos y puedan volar cada vez más alto y con mayor autonomía.
«Mi salida del piso fue un paso muy positivo y siempre me he sentido muy apoyado por vosotras. Agradecemos que, incluso después de nuestra etapa en el piso, sigáis ayudándonos con los temas que nos preocupan (digo esto en nombre de todos los chicos). ¡Gracias por todo! 😊🙌»
«Llevo más de un año viviendo fuera del piso, pero las educadoras me siguen ayudando lo mismo como me ayudaban cuando estaba en el piso y cualquier cosa siempre me ayudan.»




