
El Centro de Formación – Main vuelve un año más cargado de ilusión
29/01/2026Irene y Abdul tienen 9 años. Se levantan temprano, preparan la mochila y caminan hacia la escuela con la sensación de que siempre van un paso por detrás. No porque no se esfuercen, sino porque en casa las preocupaciones pesan más que los libros. Laia y Abdul no son niños concretos: son el reflejo de miles más cuya infancia hoy está marcada por la pobreza.
La última Encuesta de condiciones de vida, publicada ayer por el Instituto de Estadística de Cataluña, lo confirma con datos contundentes: el 36,1 % de los menores de 16 años se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Es la tasa más alta entre todos los grupos de edad y, además, ha aumentado un 1,3 % respecto al año anterior 2024. La infancia vuelve a situarse en el centro de la vulnerabilidad social, con menos recursos y capacidad de protección.
Desde esta realidad parte el trabajo diario de la Fundación María Auxiliadora (FdMA). Acompañar y empoderar a niños, niñas y adolescentes significa reconocer que la desigualdad no aparece de golpe en la vida adulta, sino que se construye lentamente desde los primeros años. Por eso, nuestros proyectos educativos y sociales ponen a la infancia en el centro, creando espacios donde crecer con apoyo, estabilidad y referentes positivos.
La encuesta también señala que la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social de las familias con hijos dependientes alcanza el 30,8 %, lo que supone un incremento notable. Son familias que hacen equilibrios constantes, que priorizan a sus hijos incluso cuando los recursos no alcanzan; lo vemos todos los días. En muchos casos, el acompañamiento familiar que impulsa la FdMA resulta clave para sostener no solo a los menores, sino al conjunto del hogar.
Hay privaciones que no siempre se ven. Más de un 42 % de la población no puede afrontar un gasto imprevisto, un 16,1 % de los hogares con menores ha sufrido un retraso en los pagos relacionados con la vivienda y casi un 34 % no puede permitirse una semana de vacaciones al año. Para la infancia, estas limitaciones se traducen en quedarse fuera de experiencias compartidas, en sentirse diferente demasiado pronto. Frente a ello, los proyectos de la Fundación María Auxiliadora ofrecen algo esencial: un lugar donde sentirse parte, donde la falta de recursos no tiene por qué definir el valor de cada niño o niña.
Irene y Abdul no existen, pero podrían estar en cualquiera de nuestros espacios. Podrían ser uno de los menores que encuentran en un proyecto educativo un entorno seguro. O uno de los niños que, gracias a un acompañamiento constante, empieza a imaginar un futuro distinto. Porque detrás de cada cifra hay una historia en construcción. Y proteger hoy a los niños y niñas más vulnerables es una forma de cuidar el futuro de todos.
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