
Los rostros de la pobreza infantil en España
12/02/2026La experiencia de mi paso por Fundación María Auxiliadora está siendo un proceso de aprendizaje y de admiración enorme. El tener contacto con la realidad de personas en situaciones de mucha vulnerabilidad, el cuidado y el detalle que se le brinda a cada persona que es atendida y la profesionalidad de todo el equipo.
Desde la profesión de la psicología, el impacto que tiene el apoyo que se ofrece a las familias se debe aplaudir y reivindicar, ya que los contextos que se observan y con los que se trabaja dan poco espacio para la estabilidad y el bienestar mental. Los chicos y las chicas encuentran en sus educadores/as y en el resto de profesionales un hombro donde apoyarse, personas con las que expresarse sin miedo y encontrar algo de paz dentro de toda la hostilidad que viven en su día a día y es notable el sentimiento de gratitud que ellos devuelven.
La figura del psicólogo o de la psicóloga se convierte en un referente de complicidad enorme, donde ellos y ellas pueden encontrar la comprensión que no encuentran en otro lugar, así como la confrontación respecto a las actitudes que ellos pueden cambiar para mejorar. Con ello, se les devuelve en pequeñas dosis autonomía y control, haciéndoles ver que, pese a las situaciones que viven, cuentan con capacidades y herramientas para enfrentarse a su malestar.
Existe un sentimiento de familiaridad que es complicado encontrar a día de hoy, dando espacio para la calidez y la cercanía a la vez que se fomenta la disciplina. Lo que más me ha gustado y me ha llamado la atención es el enfoque tan personal y humano que se hace de cada una de las personas atendidas, trabajando y siendo muy minuciosos con cada aspecto de su vida para determinar cuál es la manera correcta de actuar para mejorar sus situaciones. Espero de corazón que proyectos como este puedan seguir trabajando y dando luz a contextos donde todo parece ser caos y pesimismo.




