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16/04/2025Esta palabra, “Confía”, es la que nos une a ti y a mí, gracias a que nos movemos en el Centro Laura Vicuña, de la Fundación María Auxiliadora.
En pocos días viviremos la llamada Semana Santa. Cualquiera que sea tu credo, o aunque no profeses ninguno, me gustaría que me permitieras abrirte mi corazón y compartir contigo lo que, para la comunidad cristiana, es la razón de nuestra fe y nuestra vida.
La Semana Santa, los días en que conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Jesús, va precedida de La Cuaresma, 40 días de reflexión y cambio, en preparación al gran acontecimiento de la Pascua.
La Cuaresma se inicia el Miércoles de Ceniza con la imposición de la ceniza sobre nuestra frente, acompañada de las palabras “Polvo eres y en polvo te has de convertir” o “Conviértete y cree en el Evangelio”. Es un signo de esperanza y de humildad: comenzamos un tiempo de conversión y de perdón.
Los días más importantes de la Semana Santa son: Jueves, Viernes y Sábado Santo. En ellos, por nuestras calles o en las mismas iglesias, podemos ver imágenes que nos evocan los últimos días de la vida de Jesús.
¡Qué importante es para nosotros ver a Jesús transitando las mismas calles que nosotros recorremos! ¡Qué humildad la suya y qué dicha la nuestra que nos permite acompañarlo!
Así, podemos unirnos a Él en la Última Cena, cuando se despide de los apóstoles antes de su muerte. En este clima tuvo lugar la institución de la Eucaristía, el gran acontecimiento: Jesús se queda entre nosotros y nosotras con el pan y el vino.
¿Podemos recordar cuántas veces hemos querido que el cáliz del dolor pasara de largo en nuestra vida? Muchas son las situaciones que nos llevarían a decir: “No se haga mi voluntad sino la tuya”.
¡Qué imagen tan desgarradora, el Descendimiento de la cruz! Jesús sin vida en brazos de su madre, María.
¡Cuántas veces hemos descansado en las manos de nuestra madre! ¡Cuántas lágrimas hemos enjugado de su rostro y ella del nuestro! ¡Qué gran regalo el de una madre!
Y cuesta encontrar palabras para describir la emoción de acompañar a Jesús en el Santo Sepulcro. ¡Qué belleza la serenidad de su rostro! Mudo, pero diciendo a la vez tantas cosas…
Y llega la Vigilia pascual del Sábado Santo. El tañido de las campanas, el canto del “Aleluya” y la pólvora, rompen el silencio de la noche… porque ¡Cristo ha resucitado!
Llegamos al Domingo de Resurrección. ¡Qué día tan esencial para los cristianos y las cristianas! Cristo ha vencido a la muerte. Él, nuestro AMOR ¡ha resucitado! ¡Y con su Resurrección, va también la nuestra!
¡Gracias por haber querido compartir estos sentimientos tan íntimos! Seguiremos entonando juntos el “Confía”, y seguro que habrá otras ocasiones en que, desde otros credos o experiencias de vida, podremos seguir ofreciéndonos hacer juntos y juntas el camino.
¡Feliz Semana Santa!




